PARQUE NACIONAL EL LEONCITO
El parque nacional El Leoncito se encuentra al sur del departamento Calingasta en extremo suroeste de la provincia de San Juan, Argentina, a 34 km de la localidad de Barreal.
Posee una superficie de 89 900 ha. Desde 1994 formaba parte de una reserva natural estricta, y en 2002 se transformó en parque nacional.1
En su extensión conserva muestras representativas de especies vegetales (especies xerófilas, de ambientes húmedos, de alta montaña y altoandinas), preserva el hábitat de especies animales amenazadas (suri cordillerano y guanaco), protege sitios históricos (casco de la estancia El Leoncito) y yacimientos de importartancia paleontológica y arqueológica.
Dentro del parque pueden distinguirse diferentes paisajes, desde el valle hasta la precordillera. En su interior funcionan el Observatorio Félix Aguilar (ex Observatorio Astronómico Dr. Carlos U. Cesco) y el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO), uno de los más importantes del país.
El parque nacional El Leoncito es una suma de historias que nutren su propia historia. Sus casi 90.000 hectáreas fueron tierras pertenecientes a la estancia homónima; un emprendimiento agrícola ganadero de altura que fue testigo de la historia regional.
Aún pueden verse, envueltas en centenarios álamos y sauces, las antiguas construcciones de adobe, entre cuyas paredes el imaginario popular sitúa al general San Martín planificando el cruce de los Andes. La documentación histórica respalda la gestión de Sarmiento en la región.
Más atrás en el tiempo, los grabados rupestres duermen su silencio de siglos entre los postes del telégrafo que, allá por los últimos años del siglo XIX, comunicaba Calingasta con la capital provincial.
Aún pueden verse, envueltas en centenarios álamos y sauces, las antiguas construcciones de adobe, entre cuyas paredes el imaginario popular sitúa al general San Martín planificando el cruce de los Andes. La documentación histórica respalda la gestión de Sarmiento en la región.
Más atrás en el tiempo, los grabados rupestres duermen su silencio de siglos entre los postes del telégrafo que, allá por los últimos años del siglo XIX, comunicaba Calingasta con la capital provincial.
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